Asociación de Pilotos Aviadores Veteranos de España


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Jesús Fernandez Duro

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Historia
Jesús Fernandez Duro
Prensa local
España, 23 enero 1906.

El famoso aeronauta asturiano Jesús Fernández Duró realiza la travesía nocturna de la península ibérica en globo. Partió ayer de Pau (Francia) para aterrizar en Guadix (Granada) después de recorrer 704 km de norte a sur, ganando así la primera Copa de los Pirineos, creada por Henry Deutsch.

José Gomá Historia de la Aeronaútica Española 1946

La Aerostación Civil inicio sus practicas en España gracias a la labor entusiasta del gran deportista don Jesús Fernández Duro, muy conocido y popular por haber realizado una excursión en automóvil, con éxito extraordinario y sensacional, desde Asturias, su tierra natal, a Moscu (Rusia).

Este notable deportista dedico sus actividades a la Aerostación desde 1905; trasladándose a Francia, donde hizo las prácticas reglamentarias, consiguió el titulo de piloto de globo, siendo socio de un Aero Club francés. Adquiere un globo, que bautiza con el nombre de "Alcotán"; factura tan caprichoso e interesante aparato en el ferrocarril, y se traslada a Madrid para comenzar a efectuar ascensiones libres, que pronto le atraen las simpatías y admiración de la población. Realizo vuelos en diversas ciudades de España, entre los que se cuentan, como más notables, los que tuvieron lugar en Valencia, después de un viaje en vuelo directo desde Madrid.
Con sus éxitos y el entusiasmo e inteligencia que le caracterizaba, consiguió hacer un gran numero de aficionados y pilotos de globo entre sus amigos.
Su gran afición por el deporte aeronáutico, le dio ocasión de establecer conocimiento con los Jefes y Oficiales del Parque de Aerostación de Guadalajara. Esta amistad paso a ser intima y definitiva cuando, como consecuencia de una ascensión con aterrizaje forzoso, hubo de prestarle eficaz ayuda el Parque de Aerostación. Especialmente entre Fernández Duró y el Teniente Coronel Vives, que fue base de un principio de colaboración. Llegaron a la conclusión de que era necesario salir del abandono con que tropezaban las iniciativas particulares encaminadas a realizar practicas de Aerostación, y conseguir del Gobierno de la Nación la protección y dirección que permitiera a la Aerostación Civil su desarrollo como una actividad de interés nacional.
El genial aeronauta de entonces no era solo un hombre apasionado por la aventura, ni era solo un poeta; era, y no es posible discutirlo, un hombre, dotado del don de la eficacia y de sentimientos heroicos, de ambición de gloria y grandeza para su Patria. De estos sentimientos nació el pacto de Vives y Fernández Duro.
La idea inicial fue la colaboración civil y militar; crear un órgano que diera impulso y protección a las actividades aeronáuticas civiles. El plan no era teórico: se fundaba en trabajar juntos para fundar escuelas de pilotos y fomentar la afición a la Aeronáutica.
Los primeros pasos para su desarrollo fueron dados ante los Mandos Superiores del Ejército, y dieron origen a la creación del Real Aero Club de España.
La Presidencia efectiva recayó en el Exmo. Sr. Marques de Viana, Capitán de Artillería, gran entusiasta de la Aerostación. La Vicepresidencia la ocupo el Capitán don Alfredo Kindelán, que ya contaba entre sus expediciones aéreas un viaje a Lugo, cubriendo 960 kilómetros, que era la mayor distancia que se había hecho en España. Fernández Duró ocupo, modestamente, un puesto de Vocal.
Los primeros socios fundadores, que desde el primer día demostraron afición y cariño a la Aeronáutica, fueron los señores Salvatierra, Huerta, Rugama, Cifuentes, Garcia Pruneda, Torres Quevedo y Magdalena.
Se puede anticipar en la narración de los hechos, que el trabajo del Aero Club fue incesante hasta su desaparición al llegar la Republica, en 1931. El primer domicilio del Aero Club fue en la casa del Real Automóvil Club de España, aprovechando unas dependencias que amablemente le fueron cedidas. Se traslado después a la calle de Ventura de la Vega; paso mas tarde a la Plaza de Isabel II; y por ultimo, después de una breve estancia en la calle de Sevilla esquina a Alcalá, paso al número 12 de la calle de Sevilla, en donde aconteció su desaparición.
La inauguración oficial del Real Aero Club de España tuvo lugar el día 18 de mayo de 1905, con la asistencia de S. M. el Rey, que le hizo el honor de ser su primer Presidente honorario, y SS. AA. RR. las Infantas Doña Isabel y Doña Eulalia, que dieron realce con su presencia a este hecho histórico. Dos globos que, pilotados por Fernández Duro y Kindelán, cooperaron en la fiesta de inauguración
El sentido propiamente aeronáutico de la fiesta corrió a cargo de los globos instalados en el Campamento de Carabanchel en disposición de iniciar la salida. Allí se congregó una gran multitud, integrada por todas las clases sociales de Madrid. Uno a uno fueron, sucesivamente, elevados, para el rasgar el viento, arrastrados por una gran tormenta que descargaba sobre Madrid en aquella precisa hora, obligándoles a pasar sobre la capital rozando con la barquilla los tejados de las casas, con gran temor de verse forzados a caer dentro de la población.
El Reglamento del Aero Club, aprobado por Real Orden circular de 2 de octubre de 1906, presentaba conceptos de gran interés que demuestran hasta qué punto aquella España política oficial civil, dormida a todo progreso y a toda actividad desde hacía más de un siglo, tenía que ser movida el elemento militar en cualquier empresa que representara un esfuerzo entusiasta y patriótico. El Real Aero Club de España fue creado bajo la tutela del Estado Mayor del Ejército.
E1 Reglamento, redactado por la Aerostación Militar en colaboración con 1ª Junta nombrada entre los promotores civiles, futuros aeronautas socios del Aero Club, fué puesto en vigor por dicho Estado Mayor. Poco tiempo después, una Real Orden daba las gracias a los que habían cooperado en su redacción.
En 1912 fue modificado el Reglamento para marcar las relaciones que el Aero Club debía sostener con el Ministerio de la Guerra en el empleo de los aeroplanos.
Desde los puntos de vista oficial y particular, el Reglamento establecía que el Aero Club sería considerado como una fuerza militar de reserva, complemento del Parque de Aerostación, y tendría la obligación de poner todo su personal y material a disposición del Ejército, a quien se concedía facultad para emplearlos, en casos de necesidad, atribuyendo a sus individuos el carácter de "personal militarizado" y utilizando sus globos y elementos COMO MATERIAL DE CAMPAÑA.
La creación del Aero Club, movilizando, en gran parte, la iniciativa privada, respondió a los fines que se pretendían. Ello se demuestra con los frecuentes concursos que se realizaron en toda España a partir de la fecha de su inauguración.
Las ascensiones alternadas de globos militares de Guadalajara y civiles del Aero Club conmovían con gran frecuencia la campesina tranquilidad de pueblos y aldeas ante su improvisada presencia en el aire como una mágica aparición. Trasladándose en el lecho del viento, cuya. dirección marca su ruta, eran seguidos por las asombradas miradas de los campesinos, cuyos rostros expresaban un gesto de admiración e interrogación "¿De dónde viene aquel artefacto, libre en el cielo? ¿A dónde va? ¿Quiénes son los seres mitológicos que lo tripulan?" Los viejos desconfían: "¿Qué traerán estas máquinas: paz o destrucción?" Aunque parezca difícil, la estela de los globos no desaparecía después de su paso; quedaba durante varios días viviente en los comentarios y en la emoción de los habitantes de las tierras de España por donde había volado, y todos podían señalar, extendiendo su brazo hacia el cielo, exactamente como si lo vieran aún, el camino seguido.
Otras veces, se movía la expectación de los pueblos al conocer la caída de un globo en sus proximidades. Sustos, gritos, gran nerviosismo, gran acontecimiento, un hecho trascendental en la historia de la villa. Todos abandonan el trabajo y todos quieren ir los primeros a prestar auxilio; las mujeres corren en busca de los niños pequeños; los chicos corren hacia el globo, sin que nadie los pueda sujetar, el pueblo entero se traslada al lugar de la caída.
La primera competición organizada por el Real Aero Club de España tuvo lugar en el año 1905, con la cooperación del Real Automóvil Club.
Este Concurso aerostático-automovilista despertó gran interés en España, ya que, con la participación de ambos Clubs, se puso en movimiento un número de aficionados, no sólo entre aquellos que habían de formar las tripulaciones, sino entre aquellos otros que constituirían los equipos que en automóvil, deberían seguirlos en su vuelo para darles auxilio en la toma de tierra.
Las Aeronaves que tomaron parte fueron las siguientes:
Alfonso XIII, tripulado por el Capitán Kindelán y señor Rubana. Fugitif, por Mr. Carton. Elfe, por el señor Conde de la Vaulx y Mr. Paul Tissandier. Mercurio, por los Tenientes de Ingenieros señores Pintos y Cubillo. Avión, por el Teniente de Ingenieros señor Herrera. Urano, por el Capitán de Ingenieros señor Maldonado y don Santiago Liniérs. Aero Club n.° 2", por don Jesús Fernández Duró y señor Guisasola. Marte, por el Teniente de Ingenieros señor Rodríguez y don E. Gutiérrez. Vencejo, por el Teniente de Ingenieros señor Castilla y don Amado Claver. Alcotán, por e1 Teniente de Ingenieros señor Fernández Mulero y don R. Sánchez Arias. Júpiter, por el Capitán de Ingenieros señor Cordejuela y don E. Magdalena.
Salieron de Madrid impulsados por un viento Este-Oeste.
En el gráfico pueden apreciarse los puntos en que tomó tierra cada globo. E1 premio fue ganado por el globo "Alfonso XIII", aterrizando en Setubal proximo a Lisboa. La distancia cubierta desde el punto de partida estableció una marca muy superior a la lograda por los demás aeróstatos. Los globos que más se destacaron por su mejor navegación no pudieron ser alcanzados por los automovilistas que los seguían.
El Aero Club N.° 2" fue recogido por tres coches: el pilotado por S.M. el Rey Don Alfonso XIII, "Panhard" 35 Hp.; el de don Fernando Rodríguez "Mercedes" 28 Hp.; y el de don Cándido Pieltain, sobre "Dion Bouton " 15 Hp.
La prueba resultó un modelo de organización y previsión. Pero con todo su máximo relieve debe ser atribuido a la presencia de los altos personajes que en ella se interesaron. Con esto, la iniciación de la primera fase para alcanzar los objetivos que se propusieron los organizadores del Aero Club estaba ya plenamente planteada. La afición de los españoles La Aerostación había llegado a ser un hecho; los sueños eran ya realidades.
Sin embargo, faltaba algo muy fundamental y que debía ser cuidado con extremada vigilancia. Las prácticas de Aerostación Civil no podían imitarse a las actividades espectaculares de estos hechos o festivales de gran relieve y publicidad. La práctica civil, como la militar, debería basarse en la verdadera afición, que sólo puede considerarse conseguida cuando se cumple en el anónimo del trabajo desinteresado e ignorado de cada día.
Pronto fue alcanzada esta nueva etapa del progreso de la Aerostación Civil española, y fue un grupo de hombres, grandes por su espíritu, el que supo cruzar los cielos de España, alejándose de Madrid, poniendo en el azar su vida, para regresar más tarde a los salones del Aero Club a, entre bromas y veras, reír, cantar y jugar, con la ingenua modestia de aquellos que no dan importancia a lo que hacen.
La Directiva del Aero Club organizó frecuentes Concursos de globos en diversas ciudades.
En 1906 se efectuaron en España, por los elementos del Aero Club, ochenta ascensiones; y en 1907, se llegó a ochenta y cinco. El Aero Club tenía en esta fecha 118 socios.
Entre las ascensiones más notables realizadas debe citarse, por su extraordinaria importancia, la efectuada por don Jesús Fernández Duro en la noche del 23 de enero de 1906, en la que, partiendo de Pau (Francia), cruzó los Pirineos y aterrizó en Guadix (Granada), con un recorrido de 707 kilómetros.
Tuvo este "raid" gran interés internacional y dio motivo para que durante varios años los miembros del Real Aero Club de España concurrieran en Pau a las fiestas organizadas por el Aero Club de Francia, con el solo fin de conmemorar el vuelo de Fernández Duró.
Con las sencillas líneas que anteceden ha quedado consignado este vuelo singular y el relieve que alcanzó en la Aerostación francesa. La Historia puede calificarlo de proeza.
Sin embargo, muy pocas personas pueden comprenderlo. Es preciso para ello tener mentalidad aeronáutica y no dejarse llevar solamente de la impresión superficial que su conocimiento produce. La ignorancia no puede apreciar el valor de un acto. Para que un asunto interese es precisó estar iniciado, tener algún conocimiento de su técnica y de su práctica; y es preciso, también, saber sentir la emoción del sacrificio o del esfuerzo moral, a veces heroico, que puede haber costado su realización. Para un profano, un hecho carecerá de valor e interés cuando no ponga en su apreciación, en primer término, el corazón, el sentimiento y la humanidad, que hacen vibrar el alma del que lo realiza.
Pongámonos al lado de Fernández Duró, atravesando España en el silencio y la obscuridad de la noche. El va solo sobre la barquilla del globo; suspendido por la fuerza ascensional del gas, vuela envuelto en tinieblas. Noche de enero, fría y dura. Cruza los Pirineos a gran altura, pasa sobre montes, valles, pueblos y ríos. Vuela durante veintiuna horas, para tomar tierra, sumergiéndose en la sombra de Sierra Nevada. ¿Qué hace durante tantas horas de vuelo? Navega: procura conservar la altura deseada; estudia el altímetro; observa, atento, las incidencias del globo, mientras atraviesa las nubes por túneles que le impiden ver las estrellas; observa el suelo, para estudiar la dirección que sigue, y apenas distingue con dificultad si se encuentra sobre la tierra o sobre el mar. No tiene motor, ni timones, ni mandos; para dar dirección a su aeronave; le arrastra el aire. ¿Hacia dónde? ¿Qué piensa? Es muy difícil contestar a estas preguntas. No piensa: sueña. Porque el alma del aeronauta es impulso; es el fuego, la ilusión y el calor que lleva dentro el rayo; es incertidumbre; es anhelo de heroísmo y de hazañas; es ambición de dominio y de gloria, es volar con plenitud de vida, actuando sobre la tierra, y sentir la emoción de rozar la muerte; es, por último, el deseo de perfección, de hacer más, de ser más. La Aeronáutica es una permanente superación. Todo aquel que con barreras materiales y pobreza impida el desarrollo total de la ambición de la Aeronáutica, inconscientemente, silenciosamente, le quita su razón de existencia, la consume y la mata.
Fernández Duro ha llegado a ser, en el transcurso de la Historia, una de las más grandes figuras de la Aviación. Fue el hombre de su época. Carácter entusiasta, alegre y magnífico, de aviador poseído de la más grande e inteligente afición a volar, fuerte de voluntad y valiente, tenía la mentalidad y el alma de los grandes conquistadores. La Aerostación fue pronto para él un medio limitado. Necesitaba más; y estimulado por los éxitos que empezaban a tener en Francia los aviones, y que le produjeron admiración, orientó sus vuelos sobre los más pesados que el aire. Los globos tenían, sin duda, menor porvenir y emoción.
Le sorprendió la muerte en el verano de 1906 en San Juan de Luz, cuando aprendía a volar y aun sólo habían volado en el Mundo los primeros precursores: hermanos Wright, el gran aviador Santos Dumont, Farman y algún otro. Su muerte, debida a enfermedad infecciosa, representó una pérdida nacional.
El entusiasmo de Fernández Duro le había llevado a encargar a Mr. Tatin un hidroavión, con el que se proponía trasladarse a San Sebastián.
Ha sido una fatal característica y un triste sino de la Aviación el perder sus más grandes figuras en plena juventud, dejando vacantes lugares insustituibles; ha sido también ésta una de las dificultades que se han presentado en el curso de la Historia para su organización y progreso. Los aviadores se relevan para descansar en la muerte.
El Real Aero Club de España no descansa en su triunfal desarrollo. En el aniversario de su fundación, en 1907, salieron de Madrid ocho globos, y resulto vencedor el "Gipaeto", propiedad del Duque de Medinaceli, que aterrizó en la provincia de Ciudad Real, llevando como tripulantes a su propietario y al Capitán Kindelán.

Nota: Para mas información se recomienda la pagina oficial en la siguiente dirección: www.circuloaeronautico.com

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